Entrar a una de las primeras sucursales en los años 60 era como cruzar un umbral hacia un mundo diferente. Afuera, la ciudad seguía su ritmo habitual, con comercios que abrían y cerraban según los horarios tradicionales; adentro, la tienda respiraba innovación. Cada mueble, cada producto, cada exhibidor tenía un propósito, un plan detrás, una estrategia que había sido pensada semanas antes. No era casualidad: todo estaba sustentado en EDGE, la filosofía que aseguraba que cada decisión comercial fuera un paso hacia la expansión y la rentabilidad.
Así se sentía estar en Aparatos Monterrey, la empresa que se fundó en 1957 y que dio origen a FAMSA.
Poco se habla de esa etapa, pero fueron 13 años de trabajo ordenado para ceder la estafeta a la nueva marca comercial.
El primer pilar del éxito era la negociación con proveedores. Los líderes de la compañía no buscaban solo buenos precios; buscaban productos exclusivos que nadie más pudiera ofrecer. Esto permitía mantener márgenes de ganancia elevados, un colchón financiero que hacía posible ofrecer crédito al cliente y reinvertir sin depender de capital externo. Cada compra se estudiaba con precisión: ¿cuánto cuesta?, ¿qué margen deja?, ¿cómo impacta en el flujo de caja? Este análisis era parte de EDGE y se aplicaba de manera rigurosa en cada sucursal.
Dentro de la tienda, los vendedores eran artesanos de la venta. Habían sido capacitados para identificar oportunidades, escuchar a los clientes y ofrecer soluciones exactas a sus necesidades. Cada interacción estaba calculada: si un cliente entraba, debía salir con algo, aunque fuera el artículo más pequeño.
No se trataba de presión; era una estrategia que reconocía que atraer al cliente ya había requerido tiempo, recursos y esfuerzo. Se ofrecía crédito flexible, pagos semanales en lugar de mensuales, y se ajustaban las condiciones para que cada cliente pudiera concretar su compra. La atención personalizada se combinaba con un seguimiento constante, porque EDGE enseñaba que la fidelidad se construye desde la primera visita.
La empresa fue arriesgada y disruptiva desde el principio. Mientras todos los comercios cerraban a las 8:00 p.m., estas sucursales permanecían abiertas hasta las 11:00 p.m., adaptando horarios según la temporada y la demanda. Durante la Navidad, el Día de la Madre y otras fechas importantes, extendían sus horarios aún más, generando una ventaja competitiva que otros no se atrevían a replicar. Incluso implementaron sorteos dentro de la tienda, algo impensable para la época, que creaba entusiasmo, atracción de clientes y repetición de visitas. La publicidad también rompía esquemas: invertían en anuncios y promociones donde nadie más lo hacía, asegurándose de capturar la atención de segmentos de mercado desatendidos.
Todo estaba pensado para maximizar el margen de ganancia. Cada mueble, desde el más pequeño hasta el más grande, estaba calculado para dejar beneficios significativos. La estrategia era clara: comprar lo que se pudiera de contado para venderlo a crédito, generando flujo de caja constante y asegurando que los clientes regresaran una y otra vez.
Esta visión no solo aseguraba ventas, sino también la expansión de sucursales, porque el dinero llegaba después de vender, no antes. Abrir una tienda no era un gasto, era una inversión que pagaba dividendos gracias a la disciplina operativa y financiera.
El control de gastos era otro factor decisivo. Cada sucursal tenía costos medidos al detalle, cada peso invertido en publicidad, inventario o capacitación tenía retorno esperado. La empresa no se dejaba llevar por la exuberancia: cada decisión se evaluaba bajo los principios de EDGE, buscando equilibrio entre riesgo, retorno y crecimiento sostenido.
El resultado fue una expansión constante y sostenida. De una a cinco sucursales, de cinco a veinte, cada nueva apertura estaba justificada por estudios de mercado: qué necesitaba la comunidad, qué productos estaban de moda, qué tamaños de muebles se ajustaban a las casas y departamentos, cómo podían atraer más clientes con promociones y horarios estratégicos.
La empresa no esperaba que el mercado se adaptara: se adaptaba ella misma, creando tendencias y definiendo nuevos hábitos de compra.
El auge no solo se medía en ventas. Se veía en la dinámica dentro de la tienda: clientes entrando y saliendo, vendedores recomendando productos, familias descubriendo muebles que jamás imaginaron poder tener, sorteos que generaban emoción, créditos flexibles que permitían que la compra se concretara, y un flujo constante de dinero que retroalimentaba la expansión.
Cada mueble vendido, cada cliente satisfecho, era un paso más hacia la consolidación de la época de oro, que abarcó desde 1960 hasta mediados de los 80.
La historia de este auge demuestra que el éxito no llegó por casualidad, ni porque sobrara dinero.
Llegó porque EDGE se aplicó en cada decisión, desde la negociación con proveedores hasta la atención al cliente, desde la publicidad arriesgada hasta la gestión precisa de inventarios y márgenes.
Fue la combinación de disciplina, visión de mercado, innovación y un enfoque absoluto en el cliente lo que transformó esta empresa en un gigante comercial y definió una época dorada que pocos negocios han logrado replicar.
Al mirar hacia atrás, se entiende que cada sucursal, cada mueble, cada estrategia, fue parte de un sistema cuidadosamente diseñado para generar crecimiento sostenido y oportunidades ilimitadas.
La época de oro no solo dejó ganancias; dejó una lección sobre cómo aplicar principios claros, riesgo calculado y visión estratégica para construir un negocio que trascienda generaciones.
Al mirar toda la historia del auge de la compañía, queda claro que el éxito no fue un accidente, sino el resultado de un conjunto de decisiones inteligentes y consistentes aplicadas durante décadas. De todas las entregas, podemos resumir los aprendizajes clave:
Negociación estratégica con proveedores: Conseguir productos exclusivos y precios bajos no era solo táctica; era la base para generar márgenes altos y mantener la competitividad.
Márgenes de ganancia y control de gastos: Cada producto, cada mueble, tenía un margen pensado para reinvertir, crecer y ofrecer crédito al cliente, mientras los gastos se mantenían medidos al detalle.
Visión de mercado y adaptación: La empresa entendió qué necesitaban los clientes, cuáles eran las tendencias en tamaño y estilo de muebles, y cómo adaptar horarios, promociones y servicios para maximizar la experiencia de compra.
Innovación y riesgo calculado: Abrir en horarios nocturnos, realizar sorteos dentro de la tienda, publicitar donde otros no lo hacían, ofrecer pagos semanales y crédito flexible, todo esto era disruptivo en la época y generaba ventajas competitivas únicas.
Atención al cliente y capacitación de vendedores: La filosofía era clara: si un cliente entraba, debía salir con algo. Esto no se dejaba al azar; se capacitaba a los vendedores para identificar necesidades y cerrar ventas de manera estratégica y ética.
Expansión planificada: Las primeras sucursales no surgieron porque sobrara dinero, sino porque se aplicaron principios sólidos que aseguraban que el dinero llegara después. Comprar de contado y vender a crédito era parte del flujo inteligente que permitió crecer sostenidamente.
Lo más importante de todo esto es que EDGE no surgió de la noche a la mañana.
Su primer gerente general y socio fundador fue quien, a través de la observación, la práctica y los errores y aciertos de los primeros años, descubrió los principios que hoy conocemos como EDGE: la combinación de disciplina, visión de mercado, riesgo calculado y enfoque absoluto en el cliente.
El que iba a estar solo un año para aplicar EDGE en Aparatos Monterrey en 1960, terminó quedándose 23 años impulsando una empresa, incorporando una nueva marca (FAMSA) que, hasta su salida en 1983, si se consideraba un modelo a seguir. -
En resumen, la época de oro de la compañía nos enseña que el crecimiento sostenido, la innovación y la rentabilidad no dependen de tener dinero de sobra, sino de un sistema inteligente y consistente aplicado a cada decisión, desde la compra del primer mueble hasta la apertura de la sucursal número veinte. EDGE fue la herramienta que permitió convertir esa visión en resultados reales, sentando las bases de todo lo que vendría después.