Negocios que trascienden promesas y se sostienen con método
Negocios que trascienden promesas y se sostienen con método
No todos los proyectos valen la pena.
Pero cuando se habla el mismo idioma estratégico, se construyen relaciones escalables.
No todos los proyectos fallan por falta de mercado. -
Muchos fracasan porque el crecimiento se intenta construir sobre estructuras que no existen.
La Historia. -
Desde fuera, esta empresa parecía sólida.
Nos hablaron de clientes relevantes, de ventas constantes, de relaciones con empresas grandes, incluso multinacionales.
El discurso era ambicioso. El deseo de crecer, evidente.
Pero al entrar, la realidad era otra.
No había orden.
No había reglas claras.
No había fundamentos operativos ni financieros.
Todo lo que entraba a la empresa tenía fugas. Grandes fugas por todos lados.
Quejas constantes y procesos improvisados.
Un negocio que parecía más bien, un barril sin fondo. -
Nada de eso se dijo al inicio.
Lo descubrimos estando ya dentro.
Detectamos el problema rápido.
Y también detectamos algo más importante: un gran potencial real.
Nuestra primera reacción fue salir.
Era lo lógico.
Pero nos pidieron quedarnos.
¿Por qué aceptar?
No por el tamaño actual del negocio.
No por las promesas.
No por los nombres de clientes que se mencionaban. -
Nos quedamos porque había algo de fondo que valía la pena construir:
una industria correcta, una necesidad real y un propósito alineado.
El ahorro de energía siempre ha sido un tema que nos atrapa. -
Y aquí había talento y mucho por hacer.
Antes de pensar en crecer, hicimos lo que casi nadie quiere hacer:
Ordenar.
Estructura.
Reglas.
Gobernanza.
Procesos claros.
Responsabilidades definidas.
El negocio empezó a sostenerse.
Abrimos más de 100 puentes con nuestros contactos.
Decenas de propuestas.
Empresas medianas y grandes.
Los servicios se vendieron. El modelo funcionó.
Pero ese no era el objetivo final.
Había un pez grande nadando más adelante.
Desde el inicio se habló de un proyecto escalable.
No pequeño.
No táctico.
Una multinacional.
Cientos de plantas.
Decenas de puntos de venta en todo México.
Un proyecto de decenas de millones de dólares.
No era la razón por la que nos quedamos.
Pero sí el reto que terminó de definir la decisión.
Había un detalle clave:
uno de los colaboradores de esa multinacional conocía EDGE.
Había visto resultados.
Sabía lo que significaba ese ADN.
Y fue claro:
si su proveedor tenía ese ADN, no lo quería perder.
Era un ganar–ganar.
También era una carta de seguridad.
Las negociaciones no fueron rápidas.
Duraron meses.
En el proceso, la multinacional se fusionó con otras marcas en México.
Cambios administrativos.
Nuevas estructuras.
Más complejidad.
Pero llegó un punto donde ya no se discutía el cuánto ni el cómo.
Solo el cuándo.
¿Por qué?
Porque ambas partes hablaban el mismo idioma.
Las mismas reglas.
La misma lógica.
El cliente llevó EDGE a su propio equipo.
La metodología fue entendida y adoptada al 100%.
El proyecto se cerró.
Y hasta hoy, en 2025, sigue generando beneficios para ambas partes.
No todos los proyectos valen la pena.
Y no todos los clientes dicen la verdad.
EDGE no entra por promesas.
Se queda por estructura.
Cuando hay:
Execution
Discipline
Governance
Expansion
Las cosas transitan hacia lo positivo, incluso en negociaciones complejas.
Las negociaciones siempre son difíciles.
Pero cuando existe el ADN correcto, se juega con ventaja.
No es suerte.
Es método.